Parábola del Director.
El futuro político de la capital chiapaneca ha entrado en una fase conocida y bastante predecible: el carnaval digital. Redes sociales saturadas, cuentas recién nacidas con alma de francotirador y campañas negras lanzadas como volantes en crucero. El objetivo es claro: golpear, desgastar y confundir, tanto a actuales como a ex suspirantes a la candidatura morenista para Tuxtla Gutiérrez.
En ese escenario apareció, con aplausos artificiales, el dizque “conejo” de la ciudad, ex titular de SMAPA. Medios chayoteros se encargaron de inflar la narrativa de que sería el próximo alcalde morenista, como si repetirlo muchas veces lo volviera cierto. De su paso por la dependencia también circulan versiones nada menores: un ejército de aviadores tan numeroso que no lo presumiría ni la fuerza aérea estadounidense. Pero ni con todo ese personal fantasma se construye una candidatura real.
El llamado “conejo”, que más bien parece liebre, brinca de bando con la misma facilidad con la que otros cambian de discurso. De madriguera en madriguera, de grupo en grupo, intentando comprar simpatías a billetazo limpio. El problema es que el dinero alcanza para pagar notas, no para ganar una elección. Y menos una alcaldía tan competida como la de Tuxtla Gutiérrez, donde la memoria ciudadana ya no es tan corta como algunos creen.
También salió a escena un ex alcalde comiteco que, por un instante, pensó que la historia podía repetirse. Esta vez no en Comitán, sino en la capital. El entusiasmo le duró poco. Fue tiroteado desde varios frentes, incluidos aquellos que alguna vez llamó amigos, muchos de ellos cercanos a quien fungió como presidente del Congreso. A eso se sumaron ataques constantes por su antigua relación con dos personajes detenidos por nexos con la delincuencia organizada en Cintalapa. Golpes bien dirigidos, notas bien colocadas y una narrativa diseñada para erosionar.
La respuesta fue un desfile de fotografías, respaldos públicos y gestos de acuerpamiento. Incluso el propio gobernador tuvo que salir a poner el pecho por el titular de una dependencia estratégica, de la cual depende nada menos que la salud de las y los trabajadores chiapanecos. Un mensaje político claro: aquí hay respaldo institucional, aunque el fuego amigo queme más que el enemigo.
Y mientras unos juegan a la guerra sucia, otros apuestan por la propaganda pagada y los ataques por encargo. Sin embargo, hay uno que no grita, no compra aplausos y no necesita ensuciar a nadie para avanzar. Alguien que lleva más de 25 años caminando la política tuxtleca, no desde el escritorio ni desde la comodidad de las redes, sino desde el servicio público real.
Un servidor del pueblo, titular de una de las secretarías con mayor peso en el bienestar y el enfoque humanista del gobierno. Un perfil que no necesita campañas negras ni defensa a billetazos porque su respaldo no viene de medios, sino de la gente. Sin ataques, sin achaques y sin brincos de madriguera, camina firme hacia un Tuxtla 2027 con rumbo humanista.
La pregunta queda en el aire:
¿Quieren que les diga de quienes hablo o ya hicieron la tarea?
